¿El cliente siempre tiene la razón?

Cuando se recibe un trato amable, buena predisposición para escuchar y entender las necesidades por parte de los proveedores de bienes y servicios el venezolano es sorprendido, pareciera estar en otro planeta u otra dimensión, y es que, en Venezuela la costumbre es otra, regularmente cuando se acude a un comercio no solo se debe presionar al vendedor para ser atendido sino también estar preparado para discutir con el mismo a los fines de recibir un mejor servicio, por otra parte, hay quienes simplemente toleran tal situación con el objeto de obtener el producto, y al conseguirlo simplemente se retiran satisfechos.

Existe un mito en mercadeo sobre el cliente, según, siempre tiene la razón, sin embargo se debe considerar que hay tantos buenos clientes como malos, por lo tanto habrá más de una excepción a la máxima.  A pesar de esto, la premisa por mitológica que fuese no debe ser ignorada ni mucho menos invertida a una situación donde el cliente bajo cualquier circunstancia el cliente estará equivocado, ignorando que los comercios subsisten gracias a estos, de los cuales espera  regresen una y otra vez a sus comercios.  

En ocasiones pareciera que el comerciante está haciendo un favor al cliente por lo cual el este último debe adaptarse y soportar su humor diario, de lo contrario deberá marcharse bajo amenaza y acudir a otro comercio; “si no te gusta vete”, grita el proveedor y sus empleados al cliente y este debe decidir entre baja la cabeza y retirarse o por otra parte reclamar con voz clara y fuerte mientras es considerado loco, histéricos y hasta chabacano por los demás clientes, solo por exigir la prestación de un mejor servicio.

Esta relación no solo evidencia ante el sector privado, de igual forma e incluso peor sucede ante el sector público, derivada la relación entre el Estado (sus instituciones) y los particulares, donde a menudo se confunden los términos legales de mandatario y mandante, como bien dijo Ottolina, “se cree que el termino mandatario se refiere al mandón, siendo todo lo contrario, cuando es este quien debe recibir órdenes del mandante”;  como su nombre lo indica, el servidor público debe estar al servicio de la ciudadanía, sus intereses y necesidades; un término que pareciera cada vez más difícil de comprender incluso por los propios ciudadanos quienes no terminan de asumir su rol protagónico, así mismo se repite el episodio: “si no te gusta vete”, grita el servidor al ciudadano, y este debe decidir entre baja la cabeza y retirarse o por otra parte reclamar con voz clara y fuerte mientras es considerado loco, histérico y hasta chabacano por sus conciudadanos, solo por exigir se respeten sus derechos.

Ante esta realidad nace una gran interrogante, ¿hasta qué punto el venezolanos permitirán seguir siendo maltratados?, tal vez reciban el trato que creen merecer, ya que ningún hombre libre soportaría una tiranía, aquí la diferencia entre el hombre que nace esclavo y está orgulloso de dicha condición y aquel que ha nacido con una cualidad natural de libertad pero ha sido convertido en esclavo contra su voluntad.

Quien no ha leído estás líneas puede despreocuparse y sentirse orgulloso, habita en Venezuela, país de la suprema felicidad, donde incluso las desgracias más grandes son motivo de chistes o burla por parte sus habitantes, no hay tristeza ni enojo, solo risas, tolerancia y aceptación.

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