Chavismo y el Mito de la Caverna

De igual manera que lo planteó Platón en La República, el mito de la caverna describe a un grupo de personas que fueron internados en el fondo de una cueva atados de espalda a la entrada desde muy temprana edad, donde también se hallaba una fogata que servía para producir sombras a través del reflejo de la luz en unas estatuas llevadas por unos desconocidos. A lo largo de su vida estos hombres solo habían visto sombras  por lo que creían que estas eran reales, y en ese contexto era lo único que podían aceptar o reconocer como realidad. 

En una ocasión un hombre logró salir a la superficie a pesar de lo difícil escabroso del camino y se topó con la luz del sol, la cual le llegó a enceguecer por un tiempo hasta que pudo adaptarse y lograr ver por sí mismo que afuera estaba el verdadero mundo real y que vivió un engaño toda su vida. Posteriormente este hombre regresa a la caverna con la intención de convencer a quienes aún permanecían ahí de que lo que ellos habían visto hasta ahora era solo una farsa, un reflejo del mundo, de la realidad que estaba en el exterior, pero la reacción de estos era negativa y fue tomado por loco; ellos solo aceptaban la realidad que se les presentaba a través de las sombras.



La variable en el caso del chavismo es que si bien hay quienes se han mantenido siempre en las sombras otro gran grupo de personas vienen del mundo exterior y decidieron entrar por su propia voluntad a la caverna, con la finalidad de sentirse protegidos de todos los peligros a los que se encontraban expuestos en el mundo exterior. Basados en su negativa experiencia se apoyaron en lo que ellos consideraban su mejor alternativa, ya que esta decía ser enemigo del pasado, y es que, a pesar del empeño de muchos hombres en rescatar las “décadas de democracia” o la llamada cuarta República, que si bien trajeron consigo una serie de beneficios (cuestionables) a Venezuela, no es posible ignorar como la desconexión entre el gobierno y sociedad, la corrupción, improvisación y el despilfarro llevo a la debacle a esta época que algunos aún añoran y que tal vez solo fue otra caverna, pero con más ventilación. 

Hoy millones de personas en Venezuela viven en un país de sombras, donde la realidad es producto de un grupo de personas que transmite a través de una gran hoguera nacional, la única que muchos solo pueden aceptar. A pesar de que ya algunos han recorrido el escabroso sendero para salir, la mayoría sigue internada en la caverna, y quienes han pretendido ayudarlos aún no descifran el método más adecuado y solo les ha quedado esperar a que aquellas por si mismas lo logren.

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