La política y el espectáculo en Venezuela

El principal problema de los artistas venezolanos que pretenden involucrarse en la política es que muchos no tienen un criterio político, sólo lo hacen para conseguir más seguidores (show), por lo que responden a las tendencias y/o corrientes más populares, es decir a lo políticamente correcto o adecuado, la mayoría termina siendo mercenarios que sirven al mejor postor o simplemente son ignorantes de su propia fe y no saben para quién trabajan. 

Es también el caso de los tan populares influencers, personas con presencia e influencia en Internet a través de las redes sociales, que poseen credibilidad por su posible experiencia sobre un tema concreto, el cual regularmente no es política; de hecho muchos de estos aborrecen el tema y saben poco o nada al respecto, pero aún así insisten en que sus infundadas opiniones personales sean consideradas como verídicas. Es importante recordar aquel refrán que dice, ¨zapatero a su zapato¨, que indica que cada uno debe ocuparse y opinar sobre lo que comprende evitando entrometerse en lo que no. 


Siempre ha existido una evidente relación entre la política y el espectáculo, pero cuando una Nación atraviesa momentos difíciles es común que se intensifique, ya sea porque tanto actores, comediantes y músicos entre otros se solidarizan e identifican con la causa o porque simplemente ¨la desgracia de unos termina siendo la oportunidad de otros¨, es decir, se aprovechan del momento y responden al mercado adaptándose a la tendencia más favorable, entendiendo que tienen un producto (ellos mismos) y necesitan venderlo a toda costa para satisfacer sus necesidades.

Está claro que si el artista responde a un mercado más reducido tiene mayor libertad, pero su ganancia es menor, por lo que comúnmente algunos recurren a cambiar de apariencia o presentación conforme a las tendencias, ciertamente esto no es condenable, pero cuando estos pretenden influir en un proceso político o en las decisiones de los ciudadanos sobre la ¨cosa pública¨ hay que estar alertas ya que es natural ver cambios radicales en las posiciones políticas de estos sujetos, ya sea por no poseer criterio político propio o porque estos se desarrollan en el marco de un remate o subasta, y la puja es la competencia que establecen algunos políticos que desean comprar al artista que se puso a la venta. Por supuesto quien ofrece más en un momento determinado gana la puja y es quien al final escoge la letra de la canción, pero este remate nunca termina por lo que frecuentemente algunos artistas tienden a fijar una posición hoy y otra mañana.



Un ejemplo de la imprudencia de algunos artistas queda en evidencia con los últimos acontecimientos en Venezuela, específicamente con la Masacre del Junquito donde fue asesinado el líder de facción policial de la Resistencia Óscar Pérez, el mismo cuyo nombre era puesto en entredicho por diversos artistas y comediantes quienes banalizan sus acciones antes del 15 de Enero, pero que posteriormente ante ola de repudio y desprecio, viéndose afectados los mismos, acuden a la lastima para zafar de su irresponsabilidad; Después de todo lo ocurrido, de que queda constancia y el mundo tiene pruebas de que en efecto fue una masacre, entienden la importancia de documentar las acciones en contra de la dictadura, es decir, entienden que el objetivo real jamás fue dar material para sus chistes. 

Por otra parte nunca falta el artista con delirios de sociólogo, aquel que es el primero en apoyar a los regímenes socialistas hasta que estos se vuelven en su contra, es decir, afectan su forma de vida capitalista que tanto disfrutan, y aunque sus obras digan lo contrario se deben a la sociedad de consumo. En cualquier caso esta clase de sujetos no son ni serán referentes de la política y los ciudadanos deben ignorar sus discursos a pesar de bailar y escuchar sus canciones o reírse de sus chistes, porque si se necesita un consejo, de preferencia se busca un experto o conocedor de la materia.



Lo más importante de un artista que quiera participar en política es que sea coherente, no que cambie para verse favorecido por la tendencia, sino que realmente diga lo que piensa. Además, antes de emitir cualquier comentario sobre un tema que desconozca, debe prepararse o de lo contrario su credibilidad se verá afectada.

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